La prostituta que fingió ser la sobrina de Pablo Escobar para ganar más plata

“¡Qué rico tener sexo con la sobrina del patrón!”, decían sus clientes.
“Estaba cansada y no quería trabajar, además me tocó un borracho que olía una porquería. Nunca he tenido problema con la edad del cliente, pero ese se veía viejo y sucio. Me dijo ‘paisita venga’, soy rola pero de lo borracho que estaba ni cuenta se dio. Cuando me dijo así, lo primero que pensé fue en Pablo Escobar.

TOMADA DE:kienyke.com

Le dije que era la sobrina del extinto narcotraficante a ver si me lo quitaba de encima. No fue así, antes me ofreció más plata, ‘¡qué rico tirar con la sobrina del patrón!’ me dijo”.
Gisel Romero es una mujer de 30 años que inició su vida en la prostitución cuando tenía tan solo 18. “Yo empecé como putita barata, dándolo por poco a cualquier borracho o viejo arrecho. Necesitaba plata, estaba sola y tenía que vivir de algo”.

Cuando inició lo hizo con la ayuda de una conocida que le comentó que el trabajo era fácil, que los hombres pagaban lo que fuera si se sabían convencer, “me dijo que era bonita y tenía con que convencer, yo estaba desesperada así que le hice de una”.
Dos años después de entrar en la prostitución conocía las calles y cómo escoger los clientes, según comenta, salía con poca ropa y una navaja escondida en algún lado “por si la cosa se ponía caliente” y luego de unos minutos, si acaso una hora, ya tenía cliente. “Rara vez me demoraba en conseguir cliente y menos mal, porque eso de andar con poca ropa en la calle es complicado, sobre todo cuando llueve. Pero pa’ que, nunca me ha ido mal, cada noche tengo cliente y a veces son lindos”.
Aunque se dice que las calles son duras, Gisel asegura que nunca ha tenido problema alguno, que se ha hecho respetar y que la conocen quienes la deben conocer y la pueden cuidar. “Uno tiene que aprender a hacer amistades, saber quien manda, de ese hay que hacerse amigo”.

Gisel acostumbraba a cobrar $30.000 por cliente “y si me gustaba le incluía la mamada”. Pero una noche de mayo en el 2016, atendió a un cliente que aunque no quería le terminó dejando el dinero de tres clientes. “Recuerdo bien esa noche, yo tenía una faldita negra que obviamente no dejaba nada a la imaginación, también tenía un top rosado, hacía frío y se me marcaban los pezones. No recuerdo el nombre del man pero si su cara, tenía como 55 años, se veía sucio como si hubiera trabajado todo el día en la calle”.

El hombre se acercó y luego de unos halagos le dijo que quería estar con ella, Gisel ya había tenido un cliente esa noche y estaba cansada, además el aspecto del hombre no la motivó. Le dijo que estaba cansada y que esa noche no trabajaría más, “tipo tan persistente, además de intenso, estaba muy borracho así que me fui”.

La noche en el centro de Bogotá era fría aunque no llovía. Gisel caminaba tranquila ya con su gabán puesto, cuando sintió una mano en el hombro, “ese viejito me pegó tremendo susto, le dije que me dejara en paz que ya no estaba trabajando y lo único que me decía era ‘paisita hágale yo le pago bien’, estaba tan cansada que lo único que se me ocurrió decirle era que la plata no le alcanzaría para pagarle a la sobrina de Pablo Escobar”.
Ese comentario solo logró incrementar el deseo del hombre por estar con Gisel, le ofreció el triple de lo que ella cobraba “que rico tirar con la sobrina del patrón”, le dijo y le aseguro que él pagaría el motel si ella quería.
“Pues yo le dije que si, igual con lo borracho que estaba asumí que no aguantaría mucho así que ganaría bien en poco tiempo”.

Ya que Gisel quería salir de eso lo antes posible, le dijo que fueran a una de las residencias que se encuentran en la 19 cerca a las 10, allí le pidió el pago primero y luego se desnudo. “Yo quería hacer eso rápido, me quite la ropa y le pasé un condón, el se desvistió un poco más despacio, ya no estaba tan borracho se le había pasmado un poco pero sus movimientos seguían siendo torpes. Tal como lo predije, no duró mucho, y menos mal porque no me dejó hacer arriba y ese tipo pesaba mucho, aquí entre nos, no se movía rico”.

Una vez terminaron, Gisel se vistió y salió del cuarto dejando al hombre dormido, en ese momento cerró el capitulo y se fue a su casa. La noche siguiente un tipo llegó preguntando directamente por la sobrina del patrón, Gisel supo que la voz se había corrido. “Al inicio me dio miedo, no quería meterme en problemas con nadie, pero igual, el tipo que preguntó por mi estaba como lindo y tenía cara de ser pudiente, le dije que era yo y me dijo que me ofrecía $50.000, le dije que no, que mínimo $60.000 y el tipo accedió. En ese momento entendí que esa mentira me podía dejar buena plata”.

La tarifa de Gisel se triplicó. “Después de eso los clientes llegaban solos y la tarifa subía. Pasé de ser puta barata a ser prepago. La mentira creció, salí de la calle y ahora me buscaban al celular”.

Sus clientes dejaron de ser hombres borrachos a ser jóvenes que creían que eso les daría popularidad. “Mis mejores clientes eran universitarios de Los Andes, La Sabana o La Javeriana, esos niños tienen mucha plata, además como presumían por dormir con la sobrina del patrón me ayudaban con publicidad”.

La mentira se sostuvo durante mucho tiempo, Gisel no necesitó decirla de nuevo ya que la voz se corrió. El problema con los chismes es que en ocasiones caen en las manos equivocadas. Una tarde la mujer recibió un panfleto en el que la amenazaban por ‘difamar la imagen del patrón’. “No te alcanzas a imaginar el susto, no sabía quién era, pensé que era alguien del Cartel del Medellín o algo así, no sabía qué hacer así que decidí alejarme un tiempo de la situación”.

Gisel llegó a Pereira una tarde de abril de 2014, allí se instaló un tiempo. “Había ahorrado una buena cantidad de dinero, alcancé a cobrar casi $200.000 por el ratico. En alguna ocasión un chico me pidió hacerme pasar por su novia, le saqué casi un millón de pesos por la semana, así que dinero tenía suficiente como para vivir bien algunos meses”.

Pasó el tiempo y las amenazas se acabaron, Gisel volvió a Bogotá y se dio cuenta de que todo había sido una broma de un joven de la Universidad del Rosario con la que ella se había negado a acostarse por que estaba muy drogado y la intentó golpear. “Chino huevón, tremendo susto el que me pegó, pero bueno en ese momento me retiré del todo, me dediqué a estudiar y abandoné las calles, de vez en cuando presto algunos servicios pero a viejos clientes que se que me pagarán muy bien”.

Actualmente Gisel tiene 30 años y busca dejar de lado su pasado como prostituta, concentrarse en ella y “darme la vida que me merezco, viajar, tener una familia quizá y tener un trabajo que no implique mi cuerpo”.

Compartir: