la escuela fantasma de Cali donde aún matriculan alumnos

Para llegar a la Escuela La Granja no existe camino. La sede donde históricamente se han educado hasta 9° de bachillerato los niños del corregimiento La Castilla, a 15 minutos de Cali, fue dejada a su suerte en 1998 y el sol y la lluvia devoraron la institución educativa, mientras la maleza sepultó la única vía de acceso.

TOMADA DE:elpais.com.co

Aunque lo que queda hoy de este centro educativo no son más que pupitres viejos y el rastro de una cocina moderna y una batería sanitaria que desmanteló la comunidad –dicho por ellos mismos–, en el Sistema de Matrículas del Ministerio de Educación, Simat, ahí figuran inscritos en este año lectivo 36 estudiantes entre los grados 6° y 9° de bachillerato.

Más insólitos aún son los registros del programa Colombia Aprende del 2015, donde haciendo referencia a esta escuela, en la que parte del techo ha colapsado y han desaparecido algunas puertas y ventanas, asegura que es una de las sedes rurales del país que cuenta con herramientas digitales y que está conectada a internet para la educación de sus alumnos en nuevas tecnologías, cuando no tiene ni red eléctrica.

También el Departamento Nacional de Estadísticas (Dane) parece referirse a una escuela distinta cuando asegura en sus bases de datos que La Granja “es una sede del establecimiento Institución Educativa La Paz, identificada con el código del Dane 276001043302, ubicada en Cali, Valle Del Cauca, y cuenta con los niveles Básica Secundaria y grados 6, 7, 8 y 9”.

“La verdad es que La Granja no tiene internet ni tiene nada. Eso es mentira porque esa escuela físicamente no existe. Yo no sé por qué tratan de enredar las cosas y no son claros; esa ha sido mi pelea con un sector de la comunidad”, dijo Víctor Córdoba, edil de La Castilla en el periodo pasado.

El País buscó en el corregimiento La Castilla a esos 36 estudiantes que figuran inscritos en el registro de matriculas en la escuela La Granja y aunque la institución es una casa fantasma, sus alumnos sí existen, al igual que los cuatro docentes asignados.

El país del Sagrado Corazón

En la actualidad los alumnos de octavo y noveno comparten el cuarto del comodato del centro docente Sagrado Corazón de Jesús, un kilómetro más abajo de la sede abandonada; unos en la cocina y los otros en la habitación del comodatario, separados por el baño.

Los estudiantes de sexto y séptimo grado se juntan en la sala de sistemas; de espaldas unos con otros, intentan concentrarse en el tablero de enfrente y tratan de hacer oídos sordos a lo que atrás explica el otro docente.

“Hace varios años, viendo el riesgo que corrían los estudiantes por las condiciones físicas de la escuela, nos trasladamos para la sede del Sagrado Corazón y allí hemos estado hacinados, pero la escuela sí existe”, dice la docente María Azeneth Fernández, quien lleva años buscando mejores condiciones para los niños.

En principio se creyó que las incomodidades en el Sagrado Corazón serían temporales mientras se presentaba a la Administración Municipal un proyecto para ampliar el colegio y adelantar las adecuaciones necesarias, dado que sería más económico y rápido que recuperar la escuela La Granja, pero el plan estaba lejos de realizarse.

Pese a ser un colegio público, se encontró que la Alcaldía no podía invertir recursos en el Sagrado Corazón porque la institución educativa fue construida en un terreno de un particular y eso podía configurar un delito contra la administración pública.

¿Pero cómo pudo entonces el Municipio levantar un colegio público sobre un terreno ajeno?

Para construir la escuela de primaria del Sagrado Corazón de Jesús se certificó la propiedad del terreno por parte del Municipio con las mismas escrituras de la escuela La Granja, cuando el lote pertenecía a los hermanos Daniel y Alejandro Gómez, aunque ellos cedieron de palabra el lote para el colegio.

Pero eso fue hace 40 años y primero fallecieron los donantes antes de que un alcalde decidiera hacer escrituras del lote cedido. Y aunque los herederos habían honrado el compromiso de sus padres, en los últimos años uno de los hijos de Alejandro Gómez cambió de decisión y anunció que no cedería, sino que le vendería el terreno al Municipio.

En un principio la familia había pedido entre $15 millones y $20 millones y el Municipio no accedió alegando falta de recursos, pero luego consiguieron un abogado que fijó el precio en $127 millones y eso alejó la posibilidad de legalizar el terreno.

De la noche a la mañana los alumnos de La Granja dejaron de pertenecer a una escuela fantasma para entrar a formar parte de un colegio en el aire. Ya con la incomodidad y el hacinamiento institucionalizados, no hubo más remedio que acondicionar el espacio y los únicos dos salones para garantizar la continuidad de los dos colegios.

Los niños de Transición y Primero se acomodaron en el restaurante; el primer salón lo comparten los estudiantes de Segundo y Tercero y el otro salón, los de Cuarto y Quinto; unas mesitas en el corredor funcionan comedor y el rector y la coordinadora despachan desde una silla en el patio.

Incluso, muchos de los jóvenes de bachillerato tuvieron como aula de clase el salón que sirve de billar y de cantina en el corregimiento.

“Nosotros decíamos charlando que el diploma debía decir que somos graduados de los billares de La Castilla porque ahí nos tocaba ir a ver clase. Los lunes recogíamos las sillas y nos pasábamos a estudiar al billar y los viernes nos tocaba volver desocupar el salón porque llegaba la gente a tomar y a jugar el fin de semana”, recuerda una de las egresadas de La Granja.

Ante la imposibilidad de que el Municipio invierta en la sede, la comunidad empezó a realizar bingos y otras actividades para mejorar el colegio del Sagrado Corazón y darles algo de comodidad a los ‘desplazados’ de La Granja, pero fue cuando llegó la otra sorpresa: para sus actividades solo pueden disponer de una parte de la cancha de fútbol de la escuela porque la otra mitad le pertenece a una avícola.

En busca de soluciones

Luego de conocer el caso de La Granja y el Sagrado Corazón, la secretaria de Educación de Cali, Luz Elena Azcárate, aseguró que el Municipio está próximo a iniciar el proceso de prescripción adquisitiva del dominio porque existe una posesión pacífica hace más de 20 años.

“Tengo entendido que las inversiones en administraciones anteriores las han hecho bajo la legalidad de la escuela La Granja, que es nuestra, y apenas se dieron cuenta que no era para La Granja sino para el Sagrado Corazón que tiene el problema con el terreno”, dijo la Secretaria de Educación.

Según datos extraoficiales, el caso del Colegio Sagrado Corazón no es el único en el que una escuela pública está construida en terreno ajeno y que cerca del 20 % de las 342 instituciones educativas públicas en Cali enfrentan el mismo problema.

“Estos muchachos no se pueden seguir ocultando por allá encerrados en la casa del comodatario. Yo llevo tres administraciones llevando papeles, contando lo que está pasando y pidiendo soluciones porque la calidad educativa de estos niños es muy mala y lo ideal sería que recuperaran la escuela La Granja que es de vocación agrícola”, aseguró Víctor Córdoba.

El rector de la Institución Educativa La Paz, a la que pertenece la escuela La Granja, Jorge Enrique Tejeda, respondió que la calidad educativa en La Granja y el Sagrado Corazón es aceptable gracias a la buena gestión de los maestros, pero reconoce que por las condiciones en las que estudian no son los mejores calificados.

Pero mientras se busca una alternativa para solucionar un problema que tiene varias décadas entre el descuido y la desidia, docentes como María Azeneth Fernández insiste en que lo urgente ahora es levantar una plancha en el Sagrado Corazón para construir dos salones más y mejorar las condiciones de los más de cien alumnos de las dos instituciones educativas.

“Igualmente, que se construya un nuevo colegio en La Granja y que sirva como una especie de Sena, donde se dicten talleres para estos muchachos faltos de oportunidades”, agrega.

Mientras tanto, el profesor de Cuarto seguirá preguntado y no faltará el alumno despistado que Quinto que responda; como habitualmente ocurre.

El Plan de Desarrollo
Ni los alcaldes de los últimos tres periodos han conocido los líos jurídicos que tiene este plantel educativo. Tanto así, que ya la escuela llevaba diez años cerrada cuando en el Plan de Desarrollo de Jorge Iván Ospina (2008-2011) se propuso dotarla “de infraestructura hidráulica” y “solucionar el problema con la prestación de energía”.

Cuatro años después, en la administración del médico Rodrigo Guerrero, la Secretaría de Educación propuso “la construcción de muros
de contención y el mejoramiento del sistema de Acueducto y Alcantarillado”, al igual que una inversión para “mejorar el sistema eléctrico y realizar el cerramiento”.

Más de una década después de cerrada la escuela La Granja, hoy figuran matriculados en esta sede 13 niños en el grado 6°; 8 más en 7° grado; 5, en 8°, y 10 estudiantes en 9° para un total de 36 niños, aunque en el Simat figuran 35.

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