Los últimos arrieros: Palmitas espera su nuevo cable

Este corregimiento, el único de Medellín que no está en el valle de Aburrá, conserva el encanto de la ciudad rural. Tendrá metrocable.

TOMADA DE:facebook.com

Un montón de retazos de tonalidades verdes colorean la montaña sin políticas cromáticas definidas. Hileras de cebolla junca y cilantro suben, siguen hacia los lados y luego se enroscan formando arabescos que se aprecian desde la góndola que atraviesa la inmensidad de las montañas en el inicio de la cuenca del Cauca.
La cordillera se extiende hasta que los ojos alcanzan, con serranías que se superponen, una tras otra, hasta que el verdor se difumina. La góndola finalmente llega al filo de Las Teresitas, una de las tres estaciones del teleférico de San Sebastián de Palmitas, el único corregimiento de Medellín que no está en el valle del Aburrá.
El recorrido empieza en La Aldea, a 100 metros de la carretera que va hasta el Urabá. La última estación está ubicada en El Morrón, mucho más adentro de la cordillera y desde donde se divisa el municipio de Ebéjico. El teleférico, que opera cada 15 minutos o hasta que se junten las ocho personas que caben en las cabinas, es utilizado por los campesinos de las veredas de Palmitas para llevar sus cosechas a la ciudad.
Este corregimiento, configurado por un cruce de caminos coloniales y de extracto rural, sobrevive enclavado en las montañas como la última morada de los arrieros de la Medellín del siglo XIX y de principios del siglo XX. Palmitas era uno de los puntos de tregua en el camino hacia el Occidente y el río Cauca. Era paso obligado hacia Santa Fe de Antioquia, cuando esta era la capital de la provincia.
Empezó siendo una fonda, un tambo, por donde pasaban los viajeros a lomo de mula. Luego se construyeron baños públicos y moradas para el descanso de los caminantes, antes y después de entrar o salir de la nueva capital. Pero Palmitas no solo fue testigo del cruce de muleros y vagamundos, también presenció las migraciones rurales que empezaron a poblar el valle de Aburrá a lo largo y ancho.
Y permaneció ahí, década tras década, en medio de esa serranía que se superpone hasta el horizonte como el recodo final de la ruralidad originaria de Medellín. Hoy está compuesto por siete veredas y una centralidad. Le debe su nombre a las palmas de cera que crecían por generación espontánea en la zona y por el hallazgo, según los abuelos de los abuelos, del santo Sebastián en el tronco de un palo de mangos.
Sus pobladores son, en su mayoría, campesinos que viven de cultivos, de jornalear en las fincas o del salario que ganan en los estaderos y peajes de la carretera hacia el Occidente.
“Más bueno que la agricultura no hay”, dice Javier Pulgarín, poblador de Palmitas desde que nació hace 64 años. “Vengo a vender limoncitos, de vez en cuando corto caña y cojo café”, añade. Nino Ospina Palacios, otro habitante de vieja data del corregimiento, cuenta que “no hay nada más tranquilo que Palmitas, es que la vida en Medellín es una locura”.
Hoy la ilusión de ese tranquilo paraje entre montañas es la construcción de una extensión del teleférico que conecte la estación La Aldea con la centralidad del corregimiento. El proyecto nació como un pedido de la anterior Alcaldía de Medellín al Metro, para que estudiara la factibilidad de un cable que terminara de unir las veredas de Palmitas.
La empresa de transporte está culminando los estudios del sistema que tiene 1,2 kilómetros de longitud, entre la autopista hacia Occidente y la media loma donde se asienta la centralidad. Una vez culminen los diseños el Metro comenzará la última fase que es la prefactibilidad, la cual arrojará la viabilidad y el cierre financiero.
El cartapacio completo será entregado en octubre a la Alcaldía para que esta defina el cronograma de ejecución de la obra. Juan Camilo Lobo, coordinador técnico del proyecto, explica que este tipo de sistema tiene varias diferencias con respecto a los otros tres cables que operan actualmente en Medellín.
Como no se requiere de sistemas tan robustos porque el servicio en Palmitas no es masivo ni transporta mucho peso, se puede implementar una tecnología de bicable. Se estima que el proyecto tenga un costo que oscila entre 17 mil y 22 mil millones de pesos, valor que será precisado cuando se culminen los estudios de detalle.
Según Lobo, el Área Metropolitana dio una partida inicial de 12.500 millones de pesos para la construcción del cable. El resto de los recursos sería aportado por la Alcaldía de Medellín.
Una vez determinada la programación de la ejecución, su implementación tardaría entre 12 y 18 meses. Lobo añade que aún el Metro no tiene certeza sobre quién operará el sistema que actualmente corre a cargo de las Terminales de Transporte de Medellín, y que será la Alcaldía la que determine las responsabilidades operativas.
“Nos va a beneficiar mucho porque el transporte hasta el parque es muy complicado”, opina Wilmar Cardona, propietario de un local de abastos al lado de la iglesia. “Solo hay cuatro recorridos en todo el día y bajar en mototaxi es costoso”, añade. Nino Ospina se queja porque el proyecto “está muy retrasado, lo habían prometido para 2015”.
Es que lo quieren pronto. Sueñan con tener conectado todo el corregimiento con góndolas para ver desde el cielo los arabescos verdosos que colorean la última morada de los arrieros de Medellín.
Texto: Juan Diego Ortiz Jiménez / Fotos: Jaiver Nieto Álvarez

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